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En aquellos tiempos, Acapulco cabía en la palma de la mano de John Wayne. Blanco el sombrero y más blanca la guayabera, la estrella gustaba de pasear por la costera y llenar el capazo de toda clase de recuerdos. Deidades mexicas, xolos de barro cocido, huaraches, calaveras carmesí… En sus caminatas, Wayne bromeaba con los vendedores y reía con los papagayos; ya por la tarde, antes del dry martini,era fácil verle cortar la línea del horizonte con sus esquíes acuáticos. Tiempos azules para Acapulco. Gary Cooper, Johnny Weissmüller, Elizabeth Taylor, Richard Widmark e incluso la babilónica Ava Gardner se dejaban querer por su cálida arena. Esos fueron los años áureos. Un esplendor que medio siglo después es puro recuerdo. Las noches de ginebra y lujuria huyeron en busca de otras playas; las mansiones y hoteles de la época vinieron a menos, y Acapulco, en blanco y negro, dejó de ser el refugio salvaje de Hollywood para convertirse en una urbe acosada por las sombras.
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Crater, 4 years ago
Desde el parachute.
canitoy, 4 years ago
Desde la banana
Cobardón Anónimo, 4 years ago
En Acapulco, Facso te mueve la pansa por un peso.