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El pastor se llama Ascensión Ramos y tiene 84 años. Usa bastón, sombrero y gafas de sol. Se acerca con sus perros, que ladran, gruñen y sacan los dientes. ¿Vienen por lo del señor que mataron?, pregunta. Apretón de manos. Los perros se callan. Hace dos semanas, cuando pasó lo de Adolfo Lagos, Ascensión estaba cerca de aquí, en la loma de Santa Lucía. "No vi nada", dice, "andaba yo cuidando a mis chivitas". Luego cuenta que hace dos años le pasó algo parecido, sólo que él sobrevivió. Le asaltaron, le golpearon y le robaron siete cabras. "Estaría bien que los agarren y los maten", dice, "que los maten de una vez".
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